
Si estar triste en un momento determinado no significa tener depresión, tener un enfado puntual levantando la voz, no significa ser violento. Los ataques de ira más frecuentes en la vida diaria, como gritos, golpes o agresiones, se deben generalmente a la aceleración cotidiana, los retos, la ambición, la incapacidad personal para conseguir lo que queremos y, qué duda cabe, a ciertos tipos de personalidad.
La ira expresada, causa desorden en la convivencia y en las relaciones personales y laborales. La ira contenida causa enfermedad psicosomática para quien la reprime. Es necesario aprender a interpretar, a través de un tratamiento cognitivo conductual, las ideas erróneas sobre los acontecimientos de la vida y resolverlos de forma racional, serena y tolerante.
