
La competitividad actual, el entorno familiar, la educación, los reforzadores recibidos, así como la personalidad previa o las malas experiencias del paciente son los generadores, en parte, de los problemas de inseguridad y baja autoestima.
Normalmente, las personas aquejadas de estos síntomas poseen una incapacidad para reconocer sus propios valores. Con el tiempo, pierden interés por conseguirlos y no saben cómo cambiar. Una evaluación exhaustiva del paciente y su problema, así como de las circunstancias que le han llevado a la consulta, serán el inicio de un tratamiento individualizado.
