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Psicología Clínica para Adultos

DEPRESIÓN
Depresión, trastorno del estado de ánimo, distimia, baja autoestima, estado de duelo...

 

La depresión es una enfermedad de causa emocional o afectiva, que se caracteriza por síntomas psíquicos (tristeza, desmoralización, llanto, pérdida de la autoestima) y físicos (pérdida del apetito y peso, cansancio, dolores, trastornos del sueño), aunque el fenómeno más representativo es la tristeza.

Existen diversos criterios para diferenciar o clasificar de las depresiones: según la gravedad (mayor, menor), la edad de aparición (adulta, infantojuvenil), la apariencia clínica (típicas, atípicas), la ausencia o presencia de episodios de euforia o manía patológicas (unipolares, bipolares), etc.. La clasificación más generalizada y clara es la que establece los tipos de depresión según la causa, que diferencia entre depresión endógena y depresión reactiva. Bajo esta dicotomía subyace el criterio que vincula lo reactivo a un acontecimiento externo (psicosocial) y lo endógeno a factores biológicos internos.

Depresión Endógena

La depresión endógena es de naturaleza constitucional-hereditaria (neurobiológica) y sus síntomas más característicos corresponden a los relacionados con los ritmos vitales: inicio y recaídas en primavera y otoño, mejoría en la tarde-noche y despertar precoz. Si bien no se conoce con exactitud la causa de estas depresiones, se consideran biológicas porque los factores psicosociales apenas tienen relevancia y, en cualquier caso, sólo intervienen desencadenando el cuadro en el primer episodio, pero no en otros sucesivos, que se inician de forma automática sin que intervengan factores externos. La melancolía es el cuadro clínico endógeno por excelencia.

Depresión Reactiva & Depresión Neurótica

Estas depresiones se caracterizan por tener orígenes psicosociales.

La depresión reactiva (o trastorno adaptativo depresivo) tiene que ver con alteraciones del estado de ánimo debido a padecer o haber padecido una enfermedad de larga duración, un infarto, una intervención quirúrgica limitante, la muerte de una persona allegada, o tener que hacer frente a las situaciones complejas de la vida diaria, sobre las que no se tiene control... Las depresiones reactivas, por tanto, se relacionan con una respuesta emocional enfermiza a conflictos desencadenantes externos. No superar por uno mismo o no encontrar una salida a estas situaciones en, aproximadamente uno o dos meses después, requiere la intervención de un profesional.

Por otro lado, la naturaleza de la depresión neurótica (o distimia o trastorno depresivo persistente) se liga con conflictos psicológicos personales y suele activarse por situaciones de estrés continuado. Este tipo de depresión es de tipo crónico en el cual los estados de ánimo de una persona están regularmente bajos. Sin embargo, los síntomas no son tan graves como con la depresión mayor.

Para el tratamiento de este tipo de depresión será imprescindible realizar un estudio de la personalidad previa del paciente, los recursos y habilidades personales, la respuesta familiar o de sus amistades. Sus ideas y forma de concebir la vida, nos llevarán a diseñar las estrategias de intervención individualizada, valorándose el beneficio de un tratamiento conjunto psicofarmacológico y psicoterapéutico cognitivo-conductual.

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