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Psicología Clínica para Adultos

TRASTORNO DE ANSIEDAD
Crisis de ansiedad, ataque de pánico, ansiedad generalizada, estrés, fobia, obsesión

 

El trastorno de ansiedad tiene en la angustia (o ansiedad) como síntoma principal, aunque esta patología puede acompañar a la mayor parte de trastornos psíquicos. En general, la angustia se manifiesta a través de síntomas psíquicos y somáticos.

La ansiedad aparece en situación de amenaza (física o psíquica) para el ser humano y puede presentarse de forma permanente (ansiedad generalizada) o de crisis (crisis de ansiedad). La ansiedad es adaptativa, nos prepara y defiende ante situaciones de alto riesgo, pero puede en ocasiones inesperadas desbordamos y provocar síntomas desagradables como mareos, palpitaciones, sofocación, sudoración, miedo a morir, sensaciones de irrealidad ... Este tipo de trastornos de ansiedad son las llamadas crisis de ansiedad (o crisis de angustia). En otras ocasiones, la ansiedad se manifiesta a través de fobias o del trastorno obsesivo-compulsivo o TOC.

Los síntomas de estrés como pueden ser el agotamiento y cansancio excesivos, el embotamiento afectivo, el insomnio..., cada vez se encuentran más presentes en la sociedad. Este aviso de que estamos tocando fondo, pone a prueba nuestra capacidad y habilidad de afrontamiento. Normalmente, los responsables directos son los problemas laborales, familiares, las vivencias traumáticas o la falta de habilidad personal para superarlo.

Los Trastornos de Ansiedad poseen un avalado y eficaz tratamiento mediante Terapia Cognitivo-Conductual. La parte cognitiva ayuda a las personas a cambiar los patrones de pensamiento que dan lugar a sus temores, y la parte conductual ayuda a la gente a cambiar la manera en que reacciona ante las situaciones que provocan ansiedad.

Crisis de Ansiedad. Ataques de Pánico

Las crisis de ansiedad o ataques de pánico son episodios agudos de angustia, de aparición diurna o nocturna, caracterizados por ser ataques repentinos de terror usualmente acompañados por latidos fuertes del corazón, transpiración, debilidad, mareos, o desfallecimiento.

Durante estos ataques, las personas con trastorno de pánico pueden acalorarse o sentir frío, sentir un hormigueo en las manos o sentirlas adormecidas; y experimentar náuseas, dolor en el pecho, o sensaciones asfixiantes. Los ataques de pánico usualmente producen una sensación de irrealidad, miedo a una fatalidad inminente, o miedo de perder el control.

A menudo el paciente recuerda con precisión la primera crisis de ansiedad, que puede presentarse espontáneamente, en cualquier momento, y mientras realiza cualquier actividad inocua (p. ej. conducir) o mientras duerme, aunque también puede aparecer en múltiples y variadas situaciones. Usualmente, un ataque alcanza su máxima intensidad durante los primeros diez minutos, aunque algunos de los síntomas pueden durar mucho más tiempo.

El trastorno de pánico es más común en mujeres que en hombres y usualmente comienzan a finales de la adolescencia o al comienzo de la edad adulta y parece ser hereditaria. Aunque no todos los que padecen de ataques de pánico desarrollarán el trastorno de pánico, ya que muchas personas sólo tienen un ataque y nunca vuelven a tener otro.

Las personas que presentan ataques de pánico repetidos y de alta intensidad pueden llegar a quedar discapacitadas por esta enfermedad. Como la vivencia de una crisis de angustia afecta enormemente a la persona que la padece, puesto que tiene sensación de muerte, no es raro que quede afectado y presente un temor al padecimiento de futuras crisis. Se desarrolla, pues, lo que se conoce como ansiedad de anticipación, en la que la persona está de forma permanente controlando las situaciones bajo el temor de padecer nuevas crisis. Anticipa, por tanto, el peligro, lo cual, obviamente, genera más ansiedad. Asimismo, de forma más o menos rápida, en relación con la personalidad previa del paciente y el número y gravedad de las crisis, desarrolla lo que se conoce como conductas de evitación, es decir, formas de evitar lugares, situaciones normales o conductas que el paciente asocia a la presentación de las crisis de angustia. Así pues debe buscar tratamiento antes de que las convierta en fobias.

El trastorno de pánico es uno de los trastornos de ansiedad más tratables, ya que en la mayoría de casos responde a ciertos tipos de psicoterapia cognitiva, lo cual ayuda a cambiar los patrones de pensamiento que conducen al miedo y la ansiedad. Con frecuencia, el trastorno de pánico viene acompañado de otros problemas graves, tales como depresión, abuso de drogas, o alcoholismo. Estas enfermedades necesitan ser tratadas por separado.

Trastorno de Ansiedad Generalizada

Las personas que padecen trastorno de ansiedad generalizada (TAG) pasan el día llenas de preocupaciones y tensiones exageradas, incluso cuando hay poco o nada que las provoque. Tales personas esperan desastres y están demasiado preocupadas por asuntos de salud, dinero, problemas familiares, o dificultades laborales. En ocasiones, el simple pensamiento de cómo pasar el día produce ansiedad.

El trastorno de ansiedad generalizada se diagnostica cuando una persona se preocupa excesivamente acerca de diversos problemas de la vida diaria durante periodos prolongados de tiempo (diversos meses). Las personas con ansiedad generalizada no se pueden relajar, se asustan con facilidad, y tienen dificultades para concentrarse. Con frecuencia, tienen problemas para dormir o mantenerse dormidas. Los síntomas físicos que con frecuencia acompañan la ansiedad incluyen fatiga, dolores de cabeza, tensiones musculares, dolores musculares, dificultad para tragar, temblores, tics nerviosos, irritabilidad, transpiración, náuseas, mareos, necesidad de ir al baño con frecuencia, sensación de falta de aire, repentinos acaloramientos y pesadillas.

La psicoterapia se presenta como ineludible para descubrir y tratar el conflicto de fondo de la ansiedad generalizada.

Trastornos de ansiedad