La ansiedad infantil agrupa un conjunto de trastornos —ansiedad por separación, ansiedad generalizada, fobia social, mutismo selectivo, fobias específicas y rechazo escolar— que son hoy uno de los motivos más frecuentes de consulta en psicología infantil y juvenil. Los niños no expresan la ansiedad como los adultos: la manifiestan a través del cuerpo (dolor de barriga, dolor de cabeza, dificultades para dormir), a través de la conducta (irritabilidad, oposicionismo, evitación) o a través del lenguaje no verbal (silencio, llanto, apego excesivo).
En CEPSICLINICA ofrecemos evaluación e intervención psicológica de la ansiedad en niños y adolescentes en Donostia – San Sebastián, con un trabajo que incluye al menor y a la familia.
¿Cómo se manifiesta la ansiedad infantil?
A diferencia de los adultos, los niños pequeños rara vez dicen "estoy ansioso". Lo expresan de otras maneras:
- Quejas somáticas: dolor de barriga, dolor de cabeza, náuseas, sobre todo antes de situaciones temidas (colegio, exámenes, separaciones).
- Conductas regresivas: volver a chuparse el dedo, enuresis, demandar pecho o biberón, hablar como un bebé.
- Cambios de conducta: irritabilidad, rabietas, oposicionismo (ver problemas de conducta), rechazo a situaciones que antes aceptaban.
- Trastornos del sueño: dificultades para conciliar el sueño, pesadillas frecuentes, miedo a dormir solos.
- Apego excesivo: no separarse de los padres, dificultad para quedarse en otros entornos.
- Mutismo: en algunos casos, dejar de hablar en contextos sociales concretos (mutismo selectivo).
Tipos de ansiedad en la infancia
- Ansiedad por separación: miedo desproporcionado a separarse de los padres o cuidadores principales. Es la más frecuente entre los 4 y los 12 años.
- Rechazo escolar (fobia escolar): el niño no puede ir al colegio sin una respuesta de ansiedad intensa. A menudo es la expresión visible de un trastorno de ansiedad subyacente o, en algunos casos, de una situación de acoso, y suele acompañarse de fracaso escolar.
- Trastorno de ansiedad generalizada: preocupación excesiva y persistente por múltiples temas (rendimiento escolar, salud familiar, eventos futuros), con tensión sostenida.
- Ansiedad social: miedo a la evaluación o el rechazo en situaciones con otros niños o adultos no familiares. Con frecuencia mina la autoestima del niño (ver baja autoestima infantil).
- Mutismo selectivo: ausencia de habla en contextos sociales específicos (típicamente el colegio) en niños que hablan con normalidad en casa.
- Fobias específicas: animales, oscuridad, ruidos fuertes, médicos, tormentas.
Causas y factores de mantenimiento
Suelen confluir un temperamento ansioso desde temprana edad, antecedentes familiares de ansiedad o depresión, acontecimientos vitales estresantes (cambio de colegio o domicilio, separación de los padres, duelo, hospitalización) y estilos de crianza sobreprotectores o muy críticos. Es frecuente, además, la comorbilidad con TDAH (los niños con TDAH tienen tasas más altas de ansiedad). Una vez instalada, la ansiedad se mantiene por la evitación: cada vez que el niño evita la situación temida, alivia su malestar a corto plazo pero refuerza el miedo a largo plazo.
Tratamiento psicológico
El abordaje de elección es la terapia cognitivo-conductual adaptada a la edad. Incluye habitualmente:
- Con el niño o adolescente: psicoeducación sobre la ansiedad, identificación de pensamientos y emociones, técnicas de relajación adaptadas a su edad, y exposición gradual a las situaciones temidas.
- Con los padres: orientación y pautas para no reforzar involuntariamente la evitación, gestión de las propias respuestas ansiosas, refuerzo de los pequeños avances.
- Coordinación con el entorno familiar y escolar cuando procede, especialmente en casos de rechazo escolar, ansiedad social o mutismo selectivo.
La intervención temprana mejora significativamente el pronóstico y reduce el riesgo de que la ansiedad se cronifique o evolucione hacia trastornos de ansiedad o depresión infantil en la adolescencia y la edad adulta.